El crimen que conmocionó a Quequén hace 134 años
El 29 de junio de 1892, la tranquila localidad de Quequén se vio estremecida por un hecho violento que quedaría para la historia. Francisca Rojas apareció con una profunda herida en la garganta, mientras que sus dos hijos, de apenas 4 y 6 años, habían sido asesinados a cuchillazos. En primer momento, Francisca acusó a un vecino llamado Pedro, quien rápidamente quedó bajo sospecha de las autoridades locales. Sin embargo, la investigación pronto dio un giro inesperado.
La introducción de las huellas dactilares en la investigación criminal
En una época donde las técnicas forenses eran bastante limitadas, el caso llamó la atención de la comisaría de La Plata. El comisario inspector Eduardo Álvarez recibió un telegrama con una orden revolucionaria para la época: recoger y analizar las huellas digitales dejadas en la escena del crimen. Para llevar adelante esta tarea, se contó con la colaboración de Juan Vucetich, un argentino de origen croata que había desarrollado un novedoso sistema de identificación mediante impresiones dactilares.
Gracias a este innovador método, las huellas detectadas no coincidían con las del hombre acusado, sino que pertenecían a la propia Francisca Rojas. Ante esta evidencia contundente, la mujer terminó confesando haber cometido el asesinato de sus hijos.
Un hecho histórico en la criminalística mundial
Este suceso es considerado pionero porque convirtió a Francisca Rojas en la primera persona en la historia condenada con base en la prueba irrefutable de sus propias huellas dactilares. Más allá de la tragedia, el caso marcó un antes y un después en la forma de llevar a cabo las investigaciones policiales, revolucionando la criminalística moderna.
El área de Museos del Parque Miguel Lillo de Necochea recordó este aniversario, destacando la importancia global del acontecimiento y posicionando a Quequén como escenario de uno de los hitos más relevantes en la evolución de la ciencia forense.
Impacto y legado en la investigación criminal
Desde aquel hecho ocurrido hace más de un siglo, la utilización de huellas dactilares se convirtió en un estándar mundial para la identificación de sospechosos y la recopilación de evidencia en escenas de crimen. La precisión y fiabilidad de esta técnica ha permitido resolver innumerables casos a nivel global, siendo un legado directo del trágico, pero revolucionario acontecimiento ocurrido en Quequén.
Este episodio invita a reflexionar sobre la constante evolución de las herramientas y metodologías policiales, así como sobre la importancia que tiene la búsqueda de la verdad a través de pruebas científicas objetivas en el sistema judicial.