Una conferencia en Necochea para cuestionar la escuela y su historia
En el marco de las actividades por los 20 años de la Educación Sexual Integral (ESI), la investigadora del CONICET Anny Ocoró Loango dictó una clase magistral en la Escuela Provincial de Arte Nº 1 “Orillas del Quequén”, en Necochea. Frente a docentes, estudiantes y público general, la especialista enfocó su análisis en las historias, saberes y voces que quedan fuera de los programas educativos, poniendo especial atención al racismo y a las estructuras que reproducen desigualdades en las instituciones de formación.
El legado de exclusión de las instituciones educativas latinoamericanas
Ocoró Loango recordó que muchas universidades e institutos de formación en América Latina fueron fundados en contextos coloniales marcados por la esclavitud, el clasismo y el sexismo. Estas marcas históricas persisten en las actuales instituciones, que a pesar de su papel en la democratización y ampliación de derechos, también continúan reproduciendo jerarquías sociales y desigualdades.
Lo que no se enseña también enseña
Una de las ideas centrales de la conferencia fue interrogarnos sobre qué queda excluido en los programas educativos. La investigadora explicó que la historia y las contribuciones de las poblaciones afrodescendientes suelen limitarse al contexto de la esclavización, ignorando sus resistencias, producciones intelectuales y proyectos de autonomía. Esta ausencia curricular no es neutral, pues condiciona la forma en que estudiantes y docentes entienden el mundo y se reconoce quién es productor legítimo de conocimiento.
Racismo epistémico: el derecho desigual a producir y transmitir conocimiento
El concepto de racismo epistémico fue destacado al analizar cómo ciertos saberes y autores predominan en las currículas, mientras otros son invisibilizados o desvalorizados. Ocoró Loango planteó que ampliar las miradas no debe ser un reemplazo de unas tradiciones por otras, sino una construcción plural que permita abandonar las historias únicas. Así, la educación puede ser una herramienta de justicia epistémica, que implica no sólo dar acceso a la educación sino también transformar qué y cómo se enseña.
Construir una educación antirracista implica repensar estructuras y relaciones
Para la investigadora, incorporar ocasionalmente perspectivas negras o una clase puntual sobre racismo es insuficiente. La educación antirracista exige revisar qué conocimientos priorizan los programas, quiénes tienen voz y poder dentro de las instituciones y cómo se organizan las relaciones de poder. Por ello, propuso que la intervención debe ocurrir en al menos tres escalas: la práctica docente, las políticas institucionales y las políticas educativas más amplias.
El rol del arte y la interseccionalidad en la educación
Finalmente, Ocoró Loango subrayó la importancia de integrar el arte como una forma de conocimiento que puede aportar nuevas perspectivas y sensibilidades en la escuela. Asimismo, consideró fundamental abordar las múltiples dimensiones de la desigualdad social, como el género, la clase y el territorio, a fin de construir una educación que sea realmente antirracista e inclusiva.
Este encuentro fue moderado por la antropóloga e investigadora del CONICET Valeria Elichiry y contó con la apertura de Eugenia Ferrario, directora de la Escuela de Arte y docente de teatro. La charla generó un espacio de diálogo que permitió problematizar la realidad educativa local y sus desafíos para un cambio profundo.
Fuente consultada: NdeN – Qué queda afuera cuando enseñamos: Anny Ocoró Loango y una clase para pensar la escuela.