Un ícono gastronómico en la costa casi vacía de Bahía de los Vientos
Durante las décadas pasadas, la costa de Quequén, en especial la zona hoy conocida como Bahía de los Vientos, lucía muy distinta a como la conocemos. La mayoría del territorio se mantenía prácticamente deshabitado y sin construcciones. En medio de esta quietud, surgió un emprendimiento que con el paso de los años adquirió una identidad propia y un fuerte arraigo entre vecinos y visitantes: la Posada de la Bahía.
Raúl Oberto, la visión detrás del proyecto
Detrás de este emblemático restaurante estaba Raúl Oberto, un hombre que se aventuró en la costa quequenense con una mirada llena de esperanza y pasión por el mar. Su experiencia como cocinero tras varios viajes a Europa se reflejaba en cada plato servido. Raúl sabía que ese sitio, aparentemente aislado, tenía un potencial único que trascendía la simple gastronomía.
Según recuerda su sobrina y ahijada, María Rosa Oberto Parkins, la Posada nació de la apuesta personal de Raúl, quien combinó el conocimiento adquirido en el extranjero con un amor profundo por el mar y la historia marítima local para proyectar un espacio acogedor y singular en Bahía de los Vientos.
Platos con raíces europeas y ambientación marina
La propuesta culinaria de la Posada de la Bahía estuvo marcada por sabores inspirados en la cocina mediterránea, especialmente la española. Platos como el lenguado al roquefort, gambas al ajillo y alioli eran parte del menú que quedaba grabado en la memoria de quienes visitaban. La ambientación del lugar, con mesas decoradas con flores naturales del médano y elementos vinculados al mar, creaban una atmósfera única en la costa.
Una postal inolvidable para los visitantes
Para quienes transitaban la ruta de Necochea hacia Costa Bonita, la Posada era una referencia obligada: un faro gastronómico en medio de un paisaje mayormente vacío. La construcción, con un estilo mediterráneo que evocaba el sur de Italia y reminiscencias de la obra de Carlos Páez Vilaró, se erguía solitaria, pero firme frente al mar.
Los atardeceres se convirtieron en protagonistas junto a los sabores y las charlas, muchas veces haciendo olvidar el tiempo y las obligaciones a quienes disfrutaban de un momento frente a la bahía.
Reconocimientos y continuidades
Entre las visitas destacadas, se recuerda la llegada del Gato Dumas, el reconocido chef argentino, quien elogió la propuesta y dejó un recuerdo con su firma en las paredes del establecimiento. Este gesto significó un reconocimiento importante a un proyecto desarrollado con esfuerzo y amor por su fundador.
Después de varios años bajo la dirección de Raúl, la Posada fue vendida y siguió su camino con el nombre de Yamin. Aunque el edificio original fue demolido con el tiempo, el espíritu del lugar sigue presente en la memoria local y en los deseos de la familia Oberto de preservar su legado como patrimonio cultural y turístico.
El legado perdura en la memoria de Quequén
Para María Rosa, la Posada de la Bahía representa mucho más que un negocio familiar. Es el testimonio de una transformación de la costa quequeñense, de un hombre que apostó cuando todo era casi un paisaje vacío y de una historia que sigue ligada a quienes amaron y visitaron aquel rincón del mar.
Aunque el paisaje y las construcciones han cambiado, la memoria de la Posada y de Raúl Oberto, enterrado en la escollera de Quequén, sigue siendo un lazo que une a generaciones y que espera ser reconocido y valorado como parte fundamental de la identidad local.
Fuente consultada: Diario NQ