El crimen que marcó un antes y un después en la Ciudad de Buenos Aires
El 6 de julio de 2006, Alfredo “Freddy” Marcenac, un joven de apenas 18 años originario de Necochea, fue asesinado en un ataque a tiros perpetrado en la avenida Cabildo, en el barrio porteño de Belgrano. Aquel día, Freddy caminaba con dos amigos cuando Martín Ríos, conocido después como el “tirador de Belgrano”, comenzó a disparar indiscriminadamente contra transeúntes. Con un arma de fuego que poseía legalmente, efectuó 13 disparos, hiriendo a varias personas y quitándole la vida a Freddy, lo que sacudió no solo a la Ciudad de Buenos Aires sino a toda la sociedad argentina.
Una familia que continúa exigiendo respuestas y justicia
Veinte años más tarde, su madre, Mónica Bouyssede, y su hermana, Lucía Marcenac, recuerdan con dolor la lentitud y falta de reparación en el proceso judicial. “Para nosotros la Justicia no existió”, señala Mónica, y Lucía agrega que “lo que menos se ha logrado es un restablecimiento de la Justicia o alguna medida de reparación”. La causa penal se enfocó en aspectos técnicos sobre la imputabilidad del acusado, marginando el impacto real del crimen en las víctimas y sus familiares. Con ambos juicios declarando la inimputabilidad de Ríos, la familia sigue a la espera de una resolución civil que aún no ha llegado.
El legado de Adrián Marcenac y el nacimiento de una lucha social
En este aniversario también se destaca la ausencia de Adrián Marcenac, padre de Freddy, fallecido pero reconocido como una de las voces más firmes contra la violencia armada y a favor del desarme civil en Argentina. Tras la tragedia, la familia transformó su dolor en acción con la creación de la Asociación Civil Alfredo Marcenac, que impulsa desde hace dos décadas campañas de prevención, desarme y construcción de paz social.
Impacto en políticas públicas y el desafío actual
Fruto de aquella lucha y de acuerdos con la Red Argentina para el Desarme, se implementó en 2006 el Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de Fuego, primera vez en Necochea en homenaje a Freddy. La política permitió, desde entonces, destruir muchas armas y municiones, reflejando una preocupación social por reducir la circulación de armamento.
Sin embargo, Mónica y Lucía advierten que los desafíos persisten. “Existen discursos que facilitan el acceso a las armas como respuesta frente a la inseguridad”, lamentan, en un contexto político y social difícil. Aun así, enfatizan la importancia de continuar con políticas de control, prevención y educación para que tragedias como la de Freddy no se repitan.
Argentina frente a la violencia armada: una cultura de resistencia
Mientras algunos sectores presionan para flexibilizar las normas de tenencia, para la familia Marcenac y muchos argentinos, predomina una cultura que rechaza la libre portación de armas. “No somos los norteamericanos”, afirma Lucía, resaltando que, pese a discursos contrarios, la mayoría de la población se inclina por mantener controles estrictos y reducir la presencia de armas en la sociedad civil.
Estos 20 años después del asesinato de Freddy llaman a reflexionar sobre la justicia, el derecho a la seguridad y las políticas públicas necesarias para construir un futuro menos violento y más justo para todos.